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Croacia, creer o morir

Llega un momento en un partido de futbol cuando tu físico no da más, la fuerza, la claridad y las ideas se vuelven escasas; ahí es cuando debes apelar al deseo de salir adelante, te encomiendas a tu fortaleza mental, pones toda tu voluntad para dar ese extra que te permita tener una oportunidad más de cambiar la historia futbolística de tu barrio, de tu ciudad, de tu país.

La segunda semifinal del Mundial de Rusia fue una cátedra de lucha física y mental por parte de los croatas. Se vieron abajo en el marcador, tuvieron que trabajar todo el partido para instalarse, por primera vez, en el partido 64 de una Copa Mundial.

El encuentro no inició bien para los balcánicos, desde los primeros minutos su capacidad de resiliencia se puso a prueba. Kieran Trippier adelantó a la escuadra de los tres leones, el futbolista de los Spurs colgó del ángulo un tiro libre fuera del área. Este gol prolongaba el debate sobre cambiar o no el horario de la final de uno de los certámenes más importantes del tenis a nivel mundial, Wimbledon. El enfrentamiento por el título del torneo se disputará a la misma hora del partido por la Copa del Mundo. Así de seguros se sentían los ingleses.

Daba la impresión que los dirigidos por Gareth Southgate no tardarían en encontrar la segunda anotación, dominaban el encuentro y se mostraban más peligrosos al ataque. Fue en los pies de su goleador, Harry Kane, que el equipo de la rosa tendría la oportunidad de duplicar la ventaja. Al minuto 30 Lingard filtró un pase para Kane, quien frente al portero no pudo concretar la jugada y en el contrarremate el delantero del Tottenham puso el balón al poste a escaso un metro de la línea de gol.

Justo en ese momento algo cambió, parecía que el sonido del balón contra el metal de la portería croata despertó al cuadro balcánico y atrajo fantasmas para los ingleses. Poco a poco Modric, Rakitic y Perisic reclamaron como propio el medio campo y se adueñaron de las acciones.

La segunda parte fue completamente para los croatas, aunque aún se mantenían abajo en el marcador, Mandzukic apretaba desde la salida a los defensores ingleses quienes se nublaron ante la presión alta del delantero de la Juve.

En el minuto 68, cuando cayó el empate de Perisic a centro Vrsaljko, los balcánicos dejaron ver que sus intenciones de llegar a la final, tenían sustento y sintieron que era factible. Con veinte minutos por delante decidieron atacar al rival pensando en no llegar al alargue una vez más en el torneo.

Del otro lado el gol llenó de dudas al conjunto de los tres leones. La desconfianza era evidente, había una sensación de incertidumbre en todos los jugadores. Kane no apareció más, fue un espectro de si mismo; aún así tuvo la oportunidad de redimirse en un cabezazo hacia el final del encuentro. Inglaterra moría de a poco, el ímpetu de Croacia lo destruyó y consumió. No fue capaz de encontrar una puerta para que las ideas fluyeran y el balón parado, su arma preferida, ya no representaba peligro.

El tiempo extra llegó con el empate a uno, parecía que el físico abandonaba a la selección de Croacia, no obstante el anhelo de hacer historia se comió a los ingleses que parpadearon 10 minutos antes del final del tiempo extra, en esa distracción, entre los dos centrales, se les metió Mandzukic quien aprovechó el desconcierto para cruzar a Pickford para poner el 2-1 definitivo.

Los croatas, creyeron en ellos mismos, parece que nunca dudaron de sus capacidades, se negaron a morir y llegan a la final tras su tercer alargue en esta Copa del Mundo. Esto podría representar un hándicap en contra, sin embargo tienen algo más que el físico para aspirar a ganar. Nunca pierden la fe y el deseo de hacer historia, se mantienen serenos ante la adversidad, juegan con fiereza, confían en ellos mismos y en sus compañeros. Croacia puede creer, tienen fundamento en sus esperanzas de levantar el título de campeón del mundo por primera vez.




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