El tiempo transcurre demasiado rápido. La vida constantemente cambia; sin embargo, muchas veces perdemos la perspectiva del paso de los años. En mi periplo por este mundo, por estos días, he completado cuarenta y dos agostos, y mi camino me ha hecho llegar hasta aquí, justo a este momento. Yo, el que escribe, hubiera pensado hace algunas décadas que a esta altura del partido ya tendría resuelta la mayor parte de mi vida. Pensaba que todo estaría marchando como en un juego que se gana cómodamente, que solo tendría que dosificar esfuerzos y llegar al minuto noventa con la ventaja en el marcador que me permitiera llevarme la victoria a casa. No obstante, en estas últimas horas he reflexionado sobre todo mi recorrido en este juego y tengo la sensación de que estoy en un partido donde no encuentro el rumbo y, si bien quiero ganar, el adversario ha tomado la manija del encuentro y no localizo la manera de poder darle la vuelta al electrónico. No me siento con la capacidad de idear una remont...
El inicio de un viaje no es cuando haces la maleta, preparas tus pasajes, tomas tus ahorros y abordas el avión, el tren, el autobús o el carro. Las travesías comienzan en el momento que las imaginas, se originan justo en el instante que uno visualiza un destino, una aventura o una experiencia. Después de eso hay muchos factores que facilitan o complican esa sucesión de esas ideas. Sin embargo nunca se olvida la primera vez que se piensa en ese sueño, ese lugar o evento al que uno anhela llegar sin importar si está cerca o está lejos o si tarda un año o veinte en cumplirlo. El objetivo, siempre está ahí como un gigante que te llama, que te anima a querer conocerlo algún día. En 1994, específicamente en el verano de aquel año, un niño corre por las calles de la Ciudad de México, se traslada a toda prisa y con todas sus fuerzas, con la urgencia de no querer llegar tarde al lugar donde se dirige. Es un viernes caluroso de finales de ciclo escolar y como cada semana, desde que este pequeño ...