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El Chico Nuevo

Paco vivía en un pueblo pequeño, cerca de la capital, ahí sus días transcurrían sin mayor novedad. Iba a la escuela en la mañana, ayudaba en su casa por las tardes para después pasar tiempo jugando con sus amigos. Era hijo de un profesor así que casi todos los habitantes conocían y convivían con la familia de Paco.

Como cualquier niño de su edad estaba lleno de energía, siempre traía pateando un balón, le gustaba el fútbol. Esa afinidad la heredó de su padre, porque fue él quien le enseñó a jugar, veían juntos los partidos por televisión y siempre lo acompañó al campo donde se emocionaba al observar a su papá pegarle a la pelota como pocos.

Cuando estaba en su casa, siempre podías encontrar a Paco en el patio, ahí pasaba horas haciendo tiros y gambetas contra el portón. Todas las veces que el esférico pegaba contra esa puerta de metal hacía un sonido estruendoso, él imaginaba que ese estallido eran los gritos de gol de un estadio lleno.  Narraba sus propias jugadas, iba encontrando emisiones al describir su paso por la cancha.

Se pensaba anotando el gol del campeonato en el minuto noventa, disfrutaba esa gloria que sentía al gritar la anotación en el último segundo, sin embargo, lo que más le atraía era salir con los amigos de la cuadra a jugar "coladeritas". Ahí, en la calle, podría pasar horas entre goles y risas hasta que el sol cayera.

La felicidad de Paco era grande, sentía una paz que llegaba al sosiego. Nada podía quitarle esa sonrisa que le daba vivir en un lugar como el que él habitaba.

Un día, cerca del final de las vacaciones de verano, el papá de Paco recibió una llamada. A su padre le ofrecieron un puesto como director en una escuela en la capital, era una oferta que venía buscando desde hace mucho tiempo. Este trabajo requeriría la mudanza de la familia a la ciudad y un cambio de juego en la vida de Paco.

Su padre les comunicó la noticia, él se puso triste. Nunca se había imaginado que algo así podría pasar. Dejar su pueblo, su familia y sobre todo, ya no ver a sus amigos, esos con los que compartía las tardes en la “cascarita” callejera, con los que saboreaba una soda en la tienda repasando las jugadas más importantes de la tarde y con los que planeaba partidos de fin de semana.

Muchas preguntas se le venían a la mente. ¿Cómo será el lugar donde llegaría? ¿Habrá espacio para jugar? ¿Cómo lo recibirán los niños ahí? ¿Les gustará el mismo deporte que a él?

Aunque todo eso lo atemorizaba siempre apoyó a su familia. Porque, como decía su papá: ..."La familia es el primer equipo al que pertenecemos y si no nos protegemos entre nosotros, difícilmente podremos con las dificultades de afuera"...

Justo antes de mudarse, con mucho pesar y tristeza, se despidió de sus amigos. No había otra forma de decirle adiós a lo viejos camaradas que salir y “echar reta”. Eso que los había unido desde que tenían memoria ahora serviría para pactar una hermandad a prueba de distancias. Estuvieron jugando hasta muy tarde, el marcador fue lo de menos, lo importante fue despedirse de la mejor forma que sabían, abrazados después de gritar el último gol del partido.

El día que Paco llegó a su nueva casa, todo lo veía con asombro y extrañeza. Quizá el cambio más grande al que se enfrentó fue a ver que arribaban a un departamento. El espacio al que estaba acostumbrado se redujo, ya no podría jugar en su patio, ni hacer tiros hacia un portón. El fraccionamiento era nuevo, con edificios altos y aunque había áreas para entretenerse no se veían niños alrededor. La nueva casa quedaba en un tercer piso y desde la habitación que le tocó podía observar el espacio destinado para los juegos.

Habían pasado un par de días y no se percibían niños. Paco se preocupó un poco, pero trato de darle buena cara, aprovechaba para pasar tiempo con su familia antes que su padre entrara a su nuevo empleo. Con mucho esfuerzo, ayudó en la mudanza, se aplicó para que todo quedara impecable.

Al tercer día, en la tarde, justo después de comer, Paco escuchó gritos y risas de niños, sus ojos se iluminaron y sonrió. Echó un vistazo por la ventana, ahí observó un grupo de chiquillos jugando a la pelota, eso lo puso contento, se dio cuenta que había pequeños y que les gustaba el mismo deporte que a él.

Se quedó pasmado en la ventana, tenía tantas ganas de ir con ellos y ponerse a jugar, pero lo invadía un gran miedo, quizá fue la timidez o la pena de no conocer a nadie aún. Ya había encontrado con quien compartir el gusto por la pelota, pero no sabía si ellos quisieran compartirlo con él. No tenía idea de cómo acercarse, cómo hablarles para llamar su atención y poder integrarse a un grupo que parecía estar completo. Hacer amigos no había sido un problema para él, desde que tenía memoria, siempre estuvo rodeado de amistades y ahora que es el nuevo del barrio, no descifraba cómo dar ese paso para hablarles.

Se quedó mucho tiempo contemplando la ventana, con una mueca de melancolía, probablemente recordó cómo se sentía cuando jugaba con sus amigos del pueblo. Los escuchaba reír, gritar, jugar, sus deseos de estar ahí eran enormes, tenía una mezcla extraña de miedo y nervios. No sabía qué hacer, si solo bajar y esperar a que ellos lo vieran o llegar y presentarse. ¿Cómo hablarles? ¿En qué tono? Miles de cuestiones pasaron por su mente.

Su papá lo animó a bajar, le dio confianza, pero aun así no encontraba la seguridad para ir con ellos y se quedó observando detenidamente un rato más. De pronto un grito lo sacó del trance en el que estaba.

-¡Hey, niño! ¡El del tercer piso!-
-¿Quieres jugar?-
-¡Baja, juega con nosotros!-

Parece que los nuevos vecinos se dieron cuenta que Paco los miraba fijamente como queriendo participar en el partido que tenían, y que su timidez no lo dejaba acercarse. Él les respondió con un sí y una sonrisa. Inmediatamente pidió permiso a sus papás para bajar y jugar.

Mientras iba por las escaleras, a toda prisa, se llenó de alegría. Le emocionaba conocer nuevos individuos, otras personalidades, nueva gente. Para él el fútbol fue una forma de acercarse a los demás y ahí estaba otra vez, conociendo nuevas personas gracias al bendito deporte.

Llegó al jardín en un parpadeo, se presentó con todos y empezaron a jugar. Paco titubeaba en los primeros toques y pases que realizaba, pero en cuanto tomó confianza hizo lo que más disfrutaba, divertirse con otros niños jugando la cascarita. Por un momento ya no se sintió el nuevo, parecía que este grupo de chicos se conocía de hace tiempo, intercambiaban impresiones, risas, miradas; era una complicidad que adquieres con años de convivencia.

Así pasaron horas, una anotación en la portería, otro en la contraria, hasta que se ocultó el sol. Ahí se vio Paco, nuevamente riendo y abrazando a sus nuevos amigos en el último grito de gol.

Después de ese momento la adaptación a un nuevo sitio, a un nuevo barrio, fue más sencilla. Ya lo conocían, le gritaban desde abajo o iban por él a su casa, cosechó muchas amistades que ahora hasta, en  su vida adulta conserva.

Paco no se olvida que gracias al fútbol él pudo adaptarse a cualquier cambio que le presentaba la vida, el balompié siempre le permitió conocer personas, acercarse a desconocidos y cultivar amistades.

Años después, Paco volvió a cambiar de barrio. Ahora él es padre, tiene un par de hijos. A ellos también les trata de inculcar el amor al futbol que recibió de su padre. De vez en cuando sale con sus pequeños a patear la pelota frente a su casa. De hecho, ya conoció nuevos vecinos y se juntan para platicar mientras los chicos juegan fútbol.


Comentarios

  1. Quizás mi comentario no es relacionado a tu publicación pero, quiero aprovechar la oportunidad para felicitarte por tener tu propio espacio en este mundo de la información que se volvió tan competitivo y saturado de noticias y feaks. Recuerdo que uno de tus sueños en la secundaria era ser un comentarista y/o analista del deporte que tanto amas e integrarte a la mesa en ese entonces de "Los Protagonistas" (Decías que serias defensor del Gordo del madrazo en Veracruz). Me da gusto saber que llegas a un momento en tu vida profesional donde puedes compartir tu opinión sobre temas actuales en el mundo de la pelota y lo que gira alrededor de ella sin tapujos o miedos a cualquier represión. Quizás este blog es parte de tu sueño que pudo haberse transformado con el paso de los años pero, que no a cambiado su esencia, tú sigues siendo parte del juego con tu pasión que ahora plasmas en textos y platicas futboleras. En mi parecer estas tomando vuelo para dar ese gran salto en tu sueño, una mención durante la transmisión de un juego de mundial, un post, una charla, un debate, una corrección a cualquier comentario fuera de lugar me hacen creer que te haz convertido en ese profesional que no correrá por las canchas tantos kilometros como super campeón pero los transformaras en textos nutridos de reflexión. Sin mas palabras fuera de sentido común, algo si te digo desde mi corazón azul y piel dorada "Sigue con esa pasión y compromiso por lo que tanto amas mi amigo por que yo soy incha de "El Chute a Gol" desde aquella vez que dejamos de caernos gordos en la secundaria". Un fuerte abrazo de gol de ultimo minuto de Veron acompañado de un baño de cerveza de campeón auriazul

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    Respuestas
    1. ¡Amigo!
      Tus palabras me llegaron al corazón. Te agradezco, infinitamente, las cosas que me dices. Creo que hay una ilusión y espero de algún fruto. Ahora me conformo con que a alguien le guste lo que escribo y le mueva algo lo que comento. Con eso me doy por servido.
      Tienes razón, nos caíamos mal en la secundaria, pero te has convertido en uno de mis hermanos de la vida.
      Y así seguiremos hasta que termine de rodar la pelota.

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  2. Muy cerca de la realidad no!! Justo como te recuerdo desde siempre hablando o gritando en el salón y en el patio con una sonrisa enorme siempre acerca del fútbol del América para ser prescisa (jaja) por cierto en esa época gané muchos moretones y raspones gracias a esas "cascaritas" que contigo llegué a jugar y que me costaron muchos regaños de mi mamá... muchas gracias por tu historia me regresaste en el tiempo...

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