El tiempo transcurre demasiado rápido. La vida constantemente cambia; sin embargo, muchas veces perdemos la perspectiva del paso de los años. En mi periplo por este mundo, por estos días, he completado cuarenta y dos agostos, y mi camino me ha hecho llegar hasta aquí, justo a este momento. Yo, el que escribe, hubiera pensado hace algunas décadas que a esta altura del partido ya tendría resuelta la mayor parte de mi vida. Pensaba que todo estaría marchando como en un juego que se gana cómodamente, que solo tendría que dosificar esfuerzos y llegar al minuto noventa con la ventaja en el marcador que me permitiera llevarme la victoria a casa.
No obstante, en estas últimas horas he reflexionado sobre todo mi recorrido en este juego y tengo la sensación de que estoy en un partido donde no encuentro el rumbo y, si bien quiero ganar, el adversario ha tomado la manija del encuentro y no localizo la manera de poder darle la vuelta al electrónico. No me siento con la capacidad de idear una remontada que me permita sentirme como cuando se levanta la copa del campeón.
Es que, en muchas ocasiones, no logro descifrar lo que me pasa o lo que me pesa; es una mezcla de sentimientos que a menudo me paraliza, me impide mover las piernas y, aunque quiera arrancar en un pique que me zafe de la marca, el cuerpo no me responde. Es como si la edad fuera un factor en contra que no me permite desarrollar el mismo nivel de competencia al que estoy acostumbrado.
Me cuesta trabajo reconocerme así, como un “veterano” del juego, porque aún siento que me faltan demasiadas cosas por hacer. Todavía tengo sueños, anhelos y metas que quisiera cumplir. Aún quiero hacerle goles a la vida, festejar con los míos, compartir alegrías con aquellos que me estiman. Me gusta pensar que incluso, con todo y esta sensación de hombre vetusto, la vida todavía me tiene preparadas muchas primeras veces. Por eso mismo quiero seguir jugando este partido porque sé que incluso en estos momentos, donde la edad se me revela y la duda me hace titubear, puedo permanecer en la cancha y contribuir con lo mucho o poco que sé a mejorar mi vida.
No quiero dar la impresión de que me estoy dando por vencido, en lo absoluto, pero ¿Quién no se ha sentido perdido en algún momento, sin rumbo, sin un sostén y sin la seguridad de nada? Lo que en realidad me asusta es la posibilidad de la “derrota”, me inquieta el “fracaso en la vida”. Para mí es un terror constante que me atrofia. La sensación de no ser “exitoso” es uno de los rivales más fuertes a los que me he enfrentado y es algo a lo que no logro sacarle la vuelta completamente.
Es que, erróneamente, muchas veces me comparo con otras personas, veo sus logros y siento que yo no estoy cerca de esos niveles. Observo su felicidad y reconozco que no estoy próximo a ser tan dichoso. Contemplo lo que han construido y luego veo que mis manos aún están vacías. Todo eso me hace sentir desconsolado, casi deprimido. Me llena de una sensación como la de encontrarse solo en un estadio de fútbol con miles de asientos vacíos. Esa imagen me pesa. No logro escapar a la idea en la que ves que todos avanzan, que todos cambian y encuentran sus caminos, mientras yo sigo de pie, atorado en esa cancha vacía esperando mi oportunidad.
Sé muy bien que es malo compararse, porque en este juego hay distintos jugadores y estrategias y no todos corremos o jugamos a la misma velocidad. Pero el esfuerzo, como dicen, no es negociable, y se debe seguir adelante a pesar de pensar en todo eso que sentimos que nos hace falta.
Con esa convicción de esfuerzo, vigor y sacrificio hay que afrontar el partido, hay que sacudirse el miedo; dejar atrás las comparaciones e ir al frente. Hay que salir a pedir el balón, a buscar el espacio, a desmarcarse en el hueco e intentar encarar todas esas sensaciones nocivas que nos limitan y únicamente están en nuestra mente.
Como ya lo dije, no quiero darme por vencido, no tengo la intención de dejarme perder, mucho menos en estos momentos, porque en la adversidad del juego es donde el carácter de cada persona se revela, y yo siento que, a pesar de todos mis temores y de todas las cosas que siento que me hacen falta, a pesar de todo eso, quiero y puedo sacar el mejor resultado en este encuentro, en la vida.
Principalmente quiero salir victorioso por mí, porque en el fondo siento que merezco la alegría de la victoria. Me siento con la suficiente capacidad de poder tener los medios necesarios para ser alguien que pueda sentirse pleno en algún momento de la existencia.
Deseo que me vaya bien y trato de hacer las cosas que considero correctas para mí, con el conocimiento y las herramientas que la vida me ha puesto al alcance. No tengo la intención de lastimar a nadie de forma consciente. Claro que he cometido errores, por supuesto que he incurrido en fallos y en esos desaciertos, lamentablemente, he herido a muchos. Sepan todos que jamás ha sido mi intención, y por esos malos pasos me disculpo desde el corazón.
En segundo lugar, quiero vencer porque este no es un encuentro que esté jugando solo. Al contrario, cuento con el apoyo de mucha gente, principalmente está mi familia que me brinda amor y soporte incondicional; ellos (ellas en mi caso) son el sostén de mi mundo, no puedo nada sin ellas y me siento capaz de todo a su lado. Ahí también están mis amigos, los que también me brindan aliento y fuerza; ellos son los que me aconsejan y en muchas ocasiones me desafían. Por supuesto, también se encuentran esas personas que ya no forman parte de ese plano de la existencia; por él, por ellos y ellas también necesito la victoria.
Afortunadamente no todo es malo en este partido. Reconozco que también he cumplido algunos sueños. He materializado anhelos que desde niño me motivaban y me llenaban de ilusión. Felizmente he podido visitar otros sitios, ver otros mares, caminar otras calles; respirar otros aires, probar otros sabores, con otros colores y otros climas. He pisado a miles de kilómetros de distancia de casa y he andado en la mitad de la noche por calles que nunca imaginé. He visto otras canchas, he estado en otras tribunas, y el corazón se me ha llenado de alegría por cantar un gol en diferentes partes del mundo.
Quizá todo eso pudiera no ser algo sobresaliente para algunas personas, pero para mí es prácticamente todo, es la vida misma realmente. Para personas como yo, que no nos sentimos privilegiados, realizar estas acciones son un hito, son metas por las que siempre se ha luchado y con mucho trabajo se han podido conquistar.
De verdad, de todo corazón, no quiero y no pretendo perder este partido, quiero ser feliz en la vida y necesito de todos para lograr la remontada. Los necesito para quitarme estos miedos y estas sensaciones raras. Les prometo que yo daré todo mi esfuerzo. Como lo dijo alguna vez Marcelo Bielsa: "No necesito que me quieran porque gané, necesito que me quieran para ganar."
Hoy deseo, quiero y espero lograr ser feliz. Hace poco me dijeron que serlo es una decisión, y ahora, conscientemente, quiero encontrar ese estado. Deseo dejar de sentirme incompleto, ansío dejar de pensar que no soy suficiente; quiero, por el contrario, sentirme pleno, con una sensación de dicha, amor y gratitud. Quiero seguir contando por mucho tiempo con mi familia, con mi mamá y con mis hermanas que son el centro de todo mi universo.
Puede sonar muy egoísta, pero quiero seguir contando con el cariño y el apoyo de mis amigos. Deseo que a aquellos a quienes ya no veo o frecuento por cosas del destino, les vaya muy bien, que sean felices también y que, si en algún momento se acuerdan de mí, sea para mandarnos buena energía.
Mi mayor aspiración es salir a la segunda mitad de mi vida y jugar sin miedo para poder realizar las hazañas que imagino lejanas en este punto. Quiero ir al frente, seguir derribando barreras, trazando mi camino, quiero hacer goles, ganar partidos, dar la vuelta olímpica y levantar el trofeo de campeón. Tengo la ilusión de que si espabilo, la desconfianza en mí pueda escampar y así pueda tener la oportunidad de encontrar eso que llaman felicidad.

Así será Juancho, tqm
ResponderBorrarExcelente texto Juan. Los sueños y las ganas de crecer nunca se terminan.
ResponderBorrarEstamos y estaremos, te amo profundamente.
ResponderBorrarEres grande hermano!! Siempre estaremos para ti y claro que daremos la vuelta olímpica!! La moneda está de nuestro lado .
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