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Creer y Crecer

Desde la primera vez que Vero pateó un balón ha derribado barreras, su conexión con el balompié fue inmediata y su existencia, a partir de ese momento, ha estado ligada a él. Toda su vida se resistió a cumplir con los estándares de comportamiento que le dictaban los demás, siempre fue libre y un tanto rebelde y si en su mente encontraba un objetivo o se le metía una idea, no descansaba hasta lograr su meta. Su travesía por el fútbol no ha sido una cuestión sencilla, ha estado llena de obstáculos, sin embargo su determinación y su amor por el deporte la han llevado a superar todas las trabas que se le han presentado en su andar. A muy corta edad aprendió a enfrentar el rechazo dentro del deporte. Con 8 años y, después de mucho insistir, pudo ingresar al equipo de su localidad.  Ella era la única chica dentro de la escuadra y en la liga que participaba existía una regla que impedía a las niñas jugar en un equipo de varones, por lo que, solo entrenaba con sus compañeros dura...

Aquella Primera Vez

Quién lo haya experimentado sabrá de lo que le hablo, el amor es un sentimiento que se constata pocas veces en la vida. Lo percibes con tus padres, con tu famila. Lo padeces cuando conoces al amor de tu vida y lo experimentas cuando te flechas con los colores de tu equipo. ¡Amor! Exactamente eso sentí aquella primera vez que fui al estadio con mi padre. Lo sentí ahí, al lado izquierdo de mi pecho, junto a mi corazón. Fue una flecha que se encajó tan profundo que nunca pude sacarla de mi ser. En esos infantiles días ya simpatizaba con los colores de la escuadra por una cuestión de tradición en la familia. El fanatismo por nuestro conjunto ha pasado de generación en generación. Desde que tengo uso de razón, cada domingo, cuando había temporada de fútbol, mi familia se juntaba en torno a la TV para ver a nuestro equipo, era prácticamente un ritual familiar de cada ocho días. Los preparativos iniciaban un dia antes, íbamos al mercado por “provisiones”, comprabamos lo necesario...

La Vida Es El Juego, El Juego Es La Vida

“Hay quienes sostienen que el futbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida, pero de algo estoy seguro: No saben nada de futbol.” Eduardo Sacheri Ve al frente, al ataque, siempre hacia adelante. No importa la circunstancia, el lugar o la ocasión. Busca el éxito, ve por la meta. No pares hasta alcanzar la victoria. Que tus sueños te impulsen, que alimenten tus ganas de salir a la cancha y ganar, pon todo lo que esté en ti para alcanzar el triunfo. Busca el juego desde los primeros instantes del encuentro, no dudes en salir jugando. Arma el ataque desde abajo, prepara la táctica con paciencia. Aunque si en algún momento sientes presión no está mal reventar la pelota para acomodarte, reorganizar las ideas e intentar una nueva estrategia. Aprende a dominar el miedo escénico, que los nervios no te sometan. Si las piernas te tiemblan, respira profundo, cierra los ojos y enfócate de nuevo en ...

Camina, Anda...

Camina, disfruta cada momento, voltea al cielo y agradece lo bueno y lo malo que dentro de la vida todo suma, de todo aprendes, nada se queda en el vacío. Cada experiencia que atraviesas te pone más cerca de tu objetivo. Sigue andando, observando otros sitios, probando otros sabores, diferentes aromas y otras formas de entender la vida. Camina, camina hasta cansarte, hasta que duela, porque por más difícil que se ponga el camino, siempre sacas fuerza desde adentro, porque el objetivo lo tienes fijo, así como un delantero tiene fijada la portería la mente. Camina, siempre derecho, erguido, con el rostro levantado. Ve al frente con elegancia. Como un defensa que, desde el fondo, va con la pelota pegada al pie en una salida prolija. Camina orgulloso, porque has vencido miedos y límites que hasta ahora pensabas que eran insuperables. Camina solo, pero recordando que siempre estás acompañado, que tu familia es, siempre, la columna de tu todo y que sin su apoyo y sin su cari...

El Regreso

Es mi viejo cuaderno, es mi favorito, me transporta a otro tiempo, a otro mundo. Uno que no conocimos ni mi abuelo, ni mi mamá, mucho menos yo pero, que nos mantiene unidos a nuestros antepasados y a nuestra historia. Nos da identidad. Nos permite saber de dónde venimos, cómo era el lugar en el que la familia se formó, creció y floreció. Simple y sencillamente, es el vínculo con mis raíces. Desde que tengo uso de razón me ha acompañado en todo momento. Mi abuelo me leía, una y otra vez los textos que ahí se encuentran. Me contaba que su propio abuelo le regaló el cuaderno un día que lo descubrió en su cuarto, polvoriento, casi olvidado. En sus hojas están escritas historias extraordinarias, relatos fascinantes fuera de este mundo que hablan de un lugar mágico, donde sucedía lo fabuloso, lo legendario con una frecuencia inusitada; un sitio donde lo imposible se convertía en realidad. Ese lugar mítico era uno de los templos mundiales del balompié, el Estadio Azteca. Crecí le...

El futbol Es Un Pretexto

La parcialidad local enardeció, el estadio entero era un hervidero, rugía; la gente se quejaba amargamente y lanzaba infinidad de vituperios con dedicatoria a la madre el colegiado. No podían creer que el nazareno se haya atrevido a sancionar esa entrada como una pena máxima y mucho menos en tiempo de compensación. Los aficionados más radicales amenazaron con entrar al campo de juego y saldar por su cuenta esa afrenta. Este partido definía al campeón, ambos equipos estábamos igualados en puntos, pero el empate les aseguraba a los dueños de casa la copa y el festejo del monarca. Se jugaba el minuto 93 y el marcador se encontraba igualado a dos tantos. Si hacíamos efectivo el tiro penal, la gloria de la vuelta olímpica sería para nosotros. En ese tiempo, ser campeón de un torneo tan complicado podía considerarse como una hazaña, sobre todo para un equipo como el nuestro, éramos cuadro que no tenía como prioridad luchar por el título, nuestro objetivo fue siempre salvar la categoría,...

La Primera Vez de la Última Vez

Antes de ese disparo nunca había pensando en qué debería hacer con esta sensación, en mi vida había anotado un gol y hasta ese día logré saborear de ese néctar tan alegre. No es que fuera un mal jugador, al contrario, siempre aportaba al conjunto, me sacrificaba por el equipo e intentaba sumar desde mi lugar, sin embargo el contacto con la meta enemiga no era uno de mis puntos fuertes. Dudé mucho, después de ver como entraba el balón en la portería vacilé en festejar, tuve que voltear a ver al árbitro un par de veces para cerciorarme que había validado mi anotación; con la mala suerte que cargaba, seguro pitaba un " orsai " en vez de dar por bueno mi gol. Afortunadamente no hubo fuera de juego, ni ninguna falta que empañara mi encuentro con la alegría del tanto anotado, así que pude darle rienda suelta al júbilo que invadía cada centímetro de mi cuerpo. Recuerdo perfectamente cómo se generó la diana; nunca se me borrará de la mente, es de esas jugadas que sueñas todo...